Archivos de la categoría televisión

Qué chiquillas

Carmen Maura (Rosa) tiene miedo porque han entrado a robar en su casa. Para sentirse más segura, se compra un pistolón y los guionistas encargados de traerse al aquí y ahora esta serie americana de los 80, quizá por un mal entendido sentido de la fidelidad, pierden la ocasión de mostrarnos a la más tonta de Las chicas de oro recorriendo los bajos fondos en plan inspector Clouseau en busca de algún traficante de armas del mercado negro. Pues no, Rosa se hace con su pistola con la misma facilidad que si viviera en Miami y tuvieran su propia estantería dedicada en el super. Y así con todo.

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8. Don’t Tell Me What I Can or Can’t Do

LOST es una máquina narrativa llena de túneles y enlaces que la desbordan y remiten al espectador a innumerables mundos posibles e infinitas historias… Incluida, tal vez, la suya propia.

Supongamos que Jacob, el guardián de la Isla, el taciturno demiurgo que ha dado inicio a la aventura convocando a los personajes con sus extraños poderes sobre el destino, el espacio y el tiempo, pero que en el fondo no es más que un simple mortal imperfecto, fuera en cierto modo el trasunto ficticio de Jeffrey Jacob Abrams, creador de la serie.

Supongamos que su diabólico hermano el Hombre de Negro (del que nunca conocemos su nombre), loco por escapar de una Isla en la que ha vivido atrapado toda su existencia, el enemigo en la sombra de nuestros protagonistas desde el primer día, ese embustero y asesino hecho de humo que para materializarse en la acción requiere de cuerpos y voces ajenos, en suma, el Monstruo, fuera otro nombre para la Trama y por extensión para Damon Lindelof, el otro creador de LOST.

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7. Make Your Own Kind of Music

Guste más o menos, irrite o conmueva, allá cada cual con su organismo, pero lo que no se puede decir en serio del final de LOST es que no encaje, que sea una especie de cuerpo extraño adherido al resto de la serie, un tapón improvisado para cerrar de cualquier manera la hemorragia de la trama. En realidad, contemplando ahora en perspectiva la estructura entera de la serie tal como se ha ido desarrollando, una simple coherencia requería, si no este mismo final, uno muy parecido.

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6. See you in another life, brother

Y al final, en el rincón más sagrado había polvo de hadas y ruinas de cartón piedra. Se acaba la aventura y el espectador se queda con las ganas de saber qué era exactamente ese gran poder de la Isla por el que la gente moría y mataba, capaz de hacer que un individuo consagrara una existencia de siglos a preservarlo (pues su destrucción podría provocar poco más o menos el fin del mundo) y que al final se ha despachado con un montón de metáforas y poesía y un efecto especial representando alguna clase genérica de energía.

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5. The Man Behind The Curtain

Tanto esfuerzo y energía malgastados para acabar en el punto de partida. Los supervivientes se palpan la ropa, miran en torno y lo encuentran todo más o menos donde solía. La bomba, en lugar de cambiar la historia, parece haberles devuelto a su propio tiempo. Locke sigue muerto y pronto también enterrado para desconcierto de una audiencia que hasta el último momento ha seguido esperando que la Isla le concediera al viejo cazador una revancha. No.

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4. What Happened, Happened

A cualquiera que hubiera dejado de ver la serie a mediados de la primera temporada, cuando sus protagonistas todavía se hacían cruces por encontrar una simple escotilla metálica enterrada en la selva, le habría costado reconocerla durante el quinto año, quizá el más sensacional, fantástico y desquiciado de toda la historia de la televisión: viajes en el tiempo, héroes difuntos que resucitan, regresos milagrosos a la Isla en un nuevo vuelo de línea regular… Muchos habrían atribuido esta deriva a un caso extremo de fuga hacia adelante, el recurso desesperado de unos guionistas obligados a aplacar a un público adicto a las emociones fuertes que cada vez exigía mayores dosis.

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3. The boxman

El episodio piloto más caro de la historia de la televisión comenzaba como el video de desastres más grande jamás filmado (gancho perfecto para los usuarios de youtube y los fans de Michael Bay): una escena dantesca rodada en tiempo real, los restos de un avión en llamas en una playa, gritos, muertos y heridos por todas partes… Nuestro alter ego el médico heroico echa a correr requiriendo ayuda, atendiendo a los más graves mientras ignora su propio costado sangrante. Entre los hierros retorcidos, todavía sin nombre y en estado de shock, se agitan los personajes que un día llegaremos a conocer mejor que a nuestro propio padre: el gordo voluntarioso, el jubilado calvo, la chica de las pecas, el padre con el crío, el chulo guaperas, la pareja oriental, el rubio siempre en medio, el árabe, la muchacha embarazada…

El espectador se va haciendo una primera composición del tipo de serie que será LOST cuando termine el despliegue de efectos especiales y toque ajustarse el cinturón: un grupo de personajes heterogéneos obligados a convivir a la espera de un rescate que nunca llega, una historia de supervivencia y amistad, altruismo y egoísmo, amor y celos, choque de voluntades y filosofías en los bellos paisajes naturales de Hawaii… En el mejor de los casos, Robinson Crusoe o El señor de las moscas. En el peor, Supervivientes. Y algo de eso habría pero no sería más que la punta del iceberg… Continue reading

2. We’re going to need to watch that again

La historia de LOST arranca y concluye con dos escenas perfectamente simétricas: una pupila que se abre, la imagen de un cañaveral, Jack Shephard en el suelo, un perro que corre, y su contraria.
Hay quien entiende que si un viaje empieza y termina en el mismo punto uno no ha llegado siquiera a moverse: que la serie realmente nunca habría pasado del primer minuto y que todo cuanto hemos visto durante seis años no han sido más que los delirios de un moribundo tras un accidente de avión.
De esta manera tan simple (extendiendo la existencia soñada del Limbo de la última temporada al conjunto de la serie) se explicarían todos los hechos fantásticos, elementos sobrenaturales, complicaciones e incoherencias de la trama de LOST. Quienes se apunten a esta teoría de cortar por lo sano se ahorrarán muchísimo tiempo y dolores de cabeza (incluyendo todas las líneas que siguen). Los que prefieran en cambio complicarse la vida y tomarse el relato tal como se lo cuentan (lo que pasó, pasó), puede que interpreten esa simetría como uno de esos absurdos recursos poéticos que los autores usan a veces cuando les da por inventar historias en vez de retransmitir partidos de fútbol (en este caso, una metáfora visual llamada cerrar el círculo). Continue reading

Islas y continentes

1. The Long Con   

Durante un cuarto de hora yo también odié el final de LOST (ponga usted lo que quiera: horror, incredulidad, desconcierto). Luego me inundó una sensación de paz, plenitud y desapego por las cosas de este mundo que me tuvo varios días descuidando obligaciones e higiene personal, flotando con una sonrisilla medio idiota no muy distinta a la de Desmond tras su iluminación (esto es, cuando no me asaltaban las lágrimas al recordar de pronto algún momento concreto). Difícil no apreciar la semejanza con la reacción de los mismos personajes de la serie en el instante en que despiertan del Limbo y reviven los episodios de su propia historia ya cerrada, todos unidos en la misma absurda catarata de emociones, sin comprender muy bien todavía ni cómo ni por qué.

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