Islas y continentes

1. The Long Con   

Durante un cuarto de hora yo también odié el final de LOST (ponga usted lo que quiera: horror, incredulidad, desconcierto). Luego me inundó una sensación de paz, plenitud y desapego por las cosas de este mundo que me tuvo varios días descuidando obligaciones e higiene personal, flotando con una sonrisilla medio idiota no muy distinta a la de Desmond tras su iluminación (esto es, cuando no me asaltaban las lágrimas al recordar de pronto algún momento concreto). Difícil no apreciar la semejanza con la reacción de los mismos personajes de la serie en el instante en que despiertan del Limbo y reviven los episodios de su propia historia ya cerrada, todos unidos en la misma absurda catarata de emociones, sin comprender muy bien todavía ni cómo ni por qué.

Allá por 2004 los concursos de tele-realidad gobernaban las ondas, la series de ficción se batían en retirada y algún ejecutivo de la cadena ABC que quería mimetizarse con el entorno encargó a J.J. Abrams algo así como una versión dramatizada de Supervivientes con unas gotas de Robinson Crusoe, El señor de las moscas y Parque Jurásico. Abrams y su colega Damon Lindelof sopesaron la propuesta, se la llevaron al laboratorio para hacerle unos ajustes y rápidamente lanzaron un episodio piloto.
Aquella bola de nieve echó a rodar por la pendiente cogiendo velocidad y volumen hasta formar una inmensa mole de tramas, personajes y misterios, un verdadero circo ambulante de cien pistas que acabó por declararse independiente y saltar a su propia realidad paralela seguido de una ávida audiencia millonaria y multimedia. A la sombra de su éxito se lanzaron sucedáneos y clones que se estrellaron uno tras otro a falta de ese toque secreto capaz de resucitar en jóvenes y adultos de vuelta de todo la misma pasión adolescente de las primeras
incursiones en la ficción, cuando descubrir una nueva historia y descubrir el mundo parecían parte del mismo viaje si no la misma cosa.

Y llegó el día en que aquella nube cuántica de preguntas, teorías, esperanzas y temores tenía que colapsarse en una foto-finish, y en todo el mundo millones de espectadores ansiosos se asomaron a la vez a sus cajas luminosas, cada cual aguardando ver brotar justo lo que había soñado. ¿Cómo evitar decepcionar a algunos?

Hay bastantes que describen un choque similar al mío (fuimos los que tuvimos más suerte). Otros, que en las primeras horas se sintieron frustrados por la falta de respuestas de un desenlace que no era el que que habían pedido ni el que imaginaban, tras un periodo de duelo acabaron por reconciliarse con él con efecto retardado. Finalmente están los que se volvieron asqueados con una conclusión tan mística, incoherente y blandengue, todos los estafados a quienes en el último momento Damon Lindelof y Carlton Cuse dieron el cambiazo para arruinarles la fiesta.

Y escuchando las razones de cada cual, uno se queda con la impresión de que el final de LOST es como un chiste del que algunos nos reímos y otros no, pero que en realidad la mayoría no hemos terminado de entender. Y a los racionalistas cartesianos, al final, las experiencias inexplicables nos  ponen muy nerviosos…

Parte 1 de 8
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